QUÉ ALEGRE VA MARÍA


Benigna y yo tenemos ya una rutina muy bien establecida por las mañanas. En cuanto decido que es momento de ponerme en pie a Benigna la bajo de la cama y va a sus necesidades básicas, yo hago lo mío y ella lo suyo. Preparo mi licuado de papaya, fresa, avena y agua en mi Nutribullet, preparo mi churrito de la mañana, meto a Benigna en su casita y salimos a tomar al sol al patio delantero. Afuera pongo mi silla de playa mientras Benigna aprovecha para explorar el territorio y el sol. Ayer una amiga especialista en el cuidado de perros y gatos me dijo que Benigna es una raza que le encanta el sol, así que sin saber ya veníamos manejando esos gustos caninos.

En nuestro baño de sol matutino sabatino vemos pasar a la gente que sube y baja por mi calle, a la mayoría de la gente que pasa cerca a nosotros Benigna ladra con toda la intensidad que puede, a otras no, desde lejos les mueve la colita. En estas escenas cotidianas nos tocó observar a una mujer joven, embarazada quizá de algunos 7 meses, caminaba lento cuesta arriba, se le veía cansada, pero tranquila, feliz, contenta, como si no le pesara el peso a cuestas de 3 cuadras en subida y todavía lo que le faltaba recorrer, y recordé una canción que participó en un Festival OTI y lo ganó.

Qué alegre va María de Imelda Miller (1973), una mexicana que ganó el festival ese año con una canción que por primera vez se hablaba abiertamente de las madres solteras con esa aceptación y amor por el hijo o hija que esperan. Esta chava me recordó a esa canción y me puse a pensar en cuántas mujeres que sí disfrutan su maternidad sin importar quien les acompañe o no, pero mucha gente se ha encargado de hasta descalificar a mujeres jóvenes cuyo propósito en la vida es ser madre. La gente tiene que entender que hay mujeres que desean ser madres y las que no, y ambas posturas son posturas que solo ellas pueden tomar. Así que al ver a esta chava, a la que Benigna no le ladró, me dio una cierto aliento chido imaginar que la criatura que viene en camino es esperada con amor, prefiero mil veces imaginarme esa historia para él o ella que imaginar lo peor y juzgar la “mala” decisión de la que decide ser madre.

No necesitan bato para salir adelante, y su hijo o hija no necesita una imagen paterna, esas imágenes las encontramos en la vida con o sin padre. Cuando las mujeres realmente quieren ser madres por sí mismas salen adelante y terminan criando y educando hombres y mujeres sanas emocionalmente. Cuando quieran y vayan a ser madres vayan por la vida alegres como María.

Abyss Borboa Olivera

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