NI MODO (Capítulo IV)


-¡Ay! Qué bueno que te encuentro, comadre, te he estado marcando todo el día y nada, yo hasta pensé que ya no querías hablar conmigo después de la bronquilla ésa en la que nos metieron, pero yo te juro por la vida de la Toña que yo no quise hacerte daño de ninguna manera, te lo juro por ésta. ¿Cómo estás, comadre?-


-¿Cómo que qué quiero?, ¿o sea que sí sigues encabronada, verdad? Bonita chingadera, ya te pedí perdón, te ofrecí disculpas, y ya hasta les aclaré a las otras viejas toda el pinche chisme que armó la Wendy, ¿ya, no? Ya me toca un poquito de respiro a mí y que no me hagan malas caras, especialmente tú que para mí tú eres como mi hermana, bueno, eres mi hermana pero pues sí te siento hermana de neta. ¿Me perdonas otra vez?, ándale que te traigo un pinche chisme marca diablo y no sé ni a quién contárselo. Es más, nada más escucha el chisme y si me quieres mandar a la chingada no me agüito, por ésta que me voy. ¿Qué dices?, ¿te cuento?-


-Ay, ya vas a empezar... sí, sí, reconozco que estuve mal, ya, ya aprendí mi lección, ¿vas a querer que te lo cuente o que no?, si no para irme a la chingada, y... buscar a la pinche Lupe y contárselo a ella, total, parece que crees más en ella que en tu propia hermana. Es más, a ver, no, no, aquí la que debe estar encabronada y sentida soy yo, no usted, fíjese, ah, qué bonito, una la hace y la paga también, ¿no?, pos’ no, señora, yo estoy muy sentida contigo por creerle a esa víbora, si ya sabes cómo es, pero ahí vas, toda idiota a creerle, y si ella te dice que comas caca, ¿vas a comer caca, Cecilia? La neta qué desilusionada me tienes, yo me sentí bien gacho cuando me volteaste el saludo. Que me aplicaras los vistos en el Wazap no hay bronca, a veces estás ocupada, pero que no me dieras el saludo de paz en la misa eso sí me dolió. En la casa del Señor, Cecilia, en la casa de Nuestro Señor Jesucristo y tú con tus cosas, no, si yo no esperaba ni menos ni más... ¿qué?-


-¿Sí quieres que te lo cuente? Ay, qué emoción. ¿Estás sentada? Si no, para que te sientes porque esto va para largo. ¿Qué estás haciendo?, porque necesito tu entera atención, Cecilia, por eso. ¿Estás sola? Mira, puedes poner la bocina, para que sigas haciendo tus cosas, pues, pero cuando te diga que la quites, la quitas, porque no quiero que nadie escuche cierta información que te tengo que decir. ¿Va?-


-Pues, ¿qué crees? Pues la pinche de la Deana me quiso ver la cara de pendeja y me la vio. Toda esta cuarentena tú sabes lo cuidadosa que he sido para que no se exponga nadie en casa, y yo le tenía prohibido salir a la chamaca, bajo ninguna circunstancia. El otro día me pidió permiso y la dejé ir con la Toña, bueno, eso me dijo, que unos amiguitos iban a ir a tu casa con la Toña. Y la verdad pues sí la he tenido encerrada a piedra y lodo a la Deana, y siento como que lo de la pandemia pues ya pasó, por eso la dejé salir. Pero tú me conoces, Cecilia, tú sabes que yo no confío en nadie, ni en mi propia sombra, mucho menos en mi hija. Ay, no, comadre, ay, no, pues que se me ocurre seguirla, y ahí te voy, dije, pos’ si me ve le digo que te voy a llevar un dinero... por cierto, antes de que se me pase, aquí tengo tu dinero, también lo que me dio la Socorro para la cundina, y lo de Mague de las ollas, ¿ahí vas a estar hoy en la tarde?, para írtelo a llevar, porque yo no quiero que esta chamaca lo encuentre y crea que es mío y se lo gaste. Hoy te lo llevo, pero bueno, déjame le sigo. Pues que sigo a la Deana, y a dos cuadras se le acerca un gordito, el hijo de la Zuly, ¿lo ubicas? Ah, pues ese pinche chamaco feo, igualito que a su madre, ¿no? Fea la cabrona como perro con sarna. Ay, no, qué fea soy, los perritos qué tienen la culpa, ¿verdad? Es que no me gusta ese chamaco para la Deana. Pues que los sigo, que se ven, se abrazan, yo pensé que se iban a besar, pero no, los muy ridículos no se agarran de la mano, Tú, hazme el chingado favor. Ahora resulta que la Deana tiene novio de manita sudada y toda la cosa, ¿quién le dio permiso, Cecilia, quién?, yo no, y claro está que todo esto lo está haciendo a escondidas porque sabe que me la voy a chingar si me entero... ¿qué?-


-No, pos’ no, ¿cómo me la voy a chingar si ella no sabe que yo sé? Eso no se hace, Cecilia, luego puedes perder la confianza de tu hija y eso no está nada bonito. Sí, me da coraje que me haya visto la cara de pendeja, pero es mi hija, no le voy a voltear la cara por estas cosas, además, seamos honestas, Cecilia, a esa edad nosotras ya habíamos recorrido la colonia entera y nos habíamos echado a todos los morros. Yo a éstas como que las veo muy lentas. Tampoco digo que ya quiero que anden cogiendo con cualquier pendejo, no, pero, ¿no se te hace raro que no sean tan promiscuas como nosotras? Yo a veces sí me cuestiono si estoy educando bien a la Deana. Tú sabes que son buenas en la escuela, tienen buenos promedios, y nosotras no éramos así, Comadre, nosotras éramos chirotas, y me preocupa que éstas, bueno, yo hablo por la mía, me preocupa que ésta sea retraída, sumisa, pendeja dejada, ay, no, qué horror. ¿Tú cómo ves a la Toña?, ¿verdad que algo está mal con esas chamacas? No es normal, Cecy, no es normal... pues la seguí y entraron a la Simil de la vuelta, ¿ubicas? Compraron condones, Cecilia, con do nes, no te imaginas el alivio que sentí cuando al menos sabía que se iban a proteger, eso hizo que se me calmara un poquito el coraje que traía, pero mira, ya con eso me quedé más tranquila y me regresé a la casa, porque digo, tampoco quería ver ni escuchar cómo cogerían, ¿estás de acuerdo? ¿Qué?-


-No, cállate, ése no es el chisme, pendeja, sólo me quería desahogar de esto de la Deana, porque tiene qué ver con el chisme, pero me gusta presentar todo el contexto, ¿sí se dice así?, como sea, le sigo. Pues yo ya iba de regreso a la casa cuando vi que la Deana y el gordillo ése se metieron al cuarto del Pancho que siempre renta, ¿te acuerdas? A ese viejo tú y yo lo hicimos rico, ¿verdad?, ah qué tiempos aquellos, y ve, terminamos con dos pendejos del mismo pueblo y nunca salimos. ¿A ti te hubiera gustado irte del pueblo? La verdad a mí sí, yo siempre soñaba con irme de aquí, sí me gusta, pero me imaginaba conociendo otras ciudades y así, y ve, me gustó ese cabrón, le hice mi luchita, se lo bajé a la Wendy, ¿te acuerdas?, de ahí su pinche odio conmigo, pero el José ni la quería, que no mame, le ponía el cuerno conmigo, y él y yo cogíamos más que ella y él, hasta que me harté, Cecy, tú sabes que me harté y le puse las peras a veinte al inútil, porque ah, qué bonito, el pinche bato quería dos o tres viejas, y yo nomás quería un bato. Es que la neta sí me enamoré de él. ¿Tú te enamoraste del Raúl, o neh? Porque yo creo que todavía los veo a ustedes muy enamorados, qué envidia, la verdad. El José es un buen hombre, sí me quiere, y yo todavía lo quiero, pero ah qué feo coge el bruto todavía, por más que le enseño nomás no se le queda. Sí, me aguanta una semana y pa’ la otra ya se le olvidó, pero mira, al menos tenemos todavía sexo, el otro día me estaba diciendo la Rosa, acá entre nos, eh, que de aquí no salga, me dijo que ella tiene como 10 años sin coger con el Juan, y que nomás ha cogido las dos veces que quedó embarazada, pobrecilla, ¿verdad? A mí la verdad que me dio mucha tristeza, ¿y qué crees que hice?, que le regalo un consolador, como yo tengo cuenta abierta con la Socorro, pos’ me lo fió y que se lo llevo a la Rosa. Y que se me ofende la pendeja, pero como yo no me tomo nada personal le dije que no me juzgara, que primero lo intentara cuando ella quisiera y que después podía aventármelo en la cara si quería, obvio que de ahí no se lo va a sacar, y dicho y hecho, ahora ya le presente a la Socorro para que haga un party y se gane juguetitos sexuales, ah sí, mamacita, cuando el hombre no te sirve y tu misma no te bastas, un consolador siempre te salva, ¿apoco no? ¿Qué?-


-Ay, sí, sí, perdón, es que me emociono contando todo, ya sabes. Yo debí haber sido escritora o algo así, ¿verdad?, pero bueno, a lo que iba... pues ya venía de regreso cabizbaja, triste, pero a la vez muy emocionada porque la Deana ya no es una niña, ya se estaba convirtiendo en verdadera mujer, ay no, ya me escucho como mi mamá, pero la Deana ya no es una niña de 14 años, punto. Pues ahí venía con un chorro de piensos en mi me te cuando escucho un estruendo y un grito fuerte, pues me asusté y fui a ver que no le haya pasado nada a la Deana, y a menos de media cuadra, en el callejón de cristal, ¿ubicas?, ahí donde se pican los malandros, ah, pues ahí me tocó ver cómo la Andrea bañada en sangre, y el Ramírez con un tubo en la mano, y ¿quién crees que estaba muerto en el piso? Bueno... Bueno... ¿qué?-


(Se escucha la grabación de telefonía celular indicando que el saldo se ha agotado).


Abyss Borboa Olivera

Cine en Casa

Cuarentena 2020

24 vistas
Suscríbete a mi Poema Diario

© 2016 by Abyss Borboa Olivera 

Proudly created with Wix.com

Búnker Cultural

Plaza Pavilion, Zona Río 9111

Tijuana, B. C., México

Tel. 664-394-9179

  • Black Facebook Icon
  • Black Twitter Icon
  • Black Instagram Icon