LLAMADA URGENTE (Capítulo II)


-Sí, lo sé, señorita, pero dígale nada más que no le voy a quitar tanto tiempo, que es una consulta urgente si no, no estaría llamando a esta hora. Es más, por qué mejor no me escucha usted, total, seguramente ya le ha de haber aprendido algo a la doctora, ¿no?, usted como secretaria ha de escuchar todo, pues escúcheme a mí y así no molestamos a la doctora, ¿qué le parece?, y no me vaya usted a colgar porque si no me cuelgo yo. Usted no puede verme pero estoy parado sobre un banquito, tengo una cuerda gruesa atada al cuello, y si nadie me escucha me cuelgo, señorita, le juro que me cuelgo. Entonces... ¿qué va ser?, ¿la doctora o usted? Hey, pero dejemos una cosa en claro, no es garantía que no me cuelgue si me escuchan, y tan poco se trata de atención, pero esto sí necesito contárselo a alguien o si no me va a matar antes de tiempo. (Se escucha el silencio al otro lado del auricular), Bueno, bueno...-

-Señorita, soy de nuevo yo, el Señor Ramírez, no me vaya a colgar, no sea grosera, ¿que no ve que soy yo el que se va a colgar? Mire, nada más denme 20 minutos de su tiempo, con eso me basta. En toda esta Pandemia he estado encerrado sin hablar con nadie, bueno, sí, a veces con los perros de la vecina, de Andrea, ella a veces me pide que le cuide sus perros cuando sale de la ciudad. Yo digo que es cuando se va y se mete cuchillo porque regresa como una muñeca hermosa. Nada de lo que usted ve a simple vista es de ella, todo es plástico, y no lo digo yo, ella lo dice así, y está preciosa, eh. Pero a ella no le gustan de mi edad, le gustan los jovencitos, que porque con ellos no hay necesidad de compromisos. Y eso sí, eh, no toda la gente joven necesita comprometerse a tan temprana edad, su único compromiso es cuidar su salud mental, física y emocional, ¿a poco no, Laurita?, ¿te puedo llamar Laurita?, es que no sé cómo te llamas, y preguntar tu nombre por teléfono pues como que suena muy acosador, ¿no?, y yo la neta no quiero dar esa imagen, y Laurita me gusta porque me recuerda a una obra de teatro. Pues fíjate, Laurita, nadie nos enseña a comer nutritivo, comemos lo que hay cuando hay, y cuando no hay nos aguantamos, tampoco nos enseñaron a mantener una condición física, ni siquiera para huir de los morros que te acosan o hostigan, tal parece que nos quieren gordos, desnutridos y cobardes; y de salud mental ni hablar, esas cosas ni se nombran, al menos que sean para decirte que estás loco. ¿Y qué si lo estoy, si lo estamos, Laurita? Necesitamos que se cree una cultura de atención a la salud mental, pero no, parece que es más fácil crear una cultura de narcos, que de salud mental. Perdóneme, Laurita, si no me entiende mucho, pero así hablo yo, usted nomás escúcheme, es lo único que le pido. Prometo no hacerle sentir incómoda, no le platicaré se mis depravaciones ni de mis deseos más torcidos, esos ni a la doctora se los digo porque me da miedo que me malmire. Yo tenía una amiguita, la Celia, que alguien le inventó un chisme y la malmiraron, y con eso tuvo para morirse sola, bueno, solq, sola no, porque la Andrea la cuidó, ja’ nada pendeja la Andy, la cuidó y ella se quedó con la herencia de la Celia, bueno, no, la verdad no se la quedó, qué hocicón soy, la Celia caritativamente se la dejó, y se la merezca o no, la Andrea se lo ganó. Así que yo mejor no cuento mis cosas más oscuras, no, señora, yo no. Pero pues eso sí necesito sacarlo, es como un calor que quema por dentro y yo creo que es porque las palabras se me quieren salir y quieren hablar. ¿A usted nunca le ha pasado, Laurita?, no es necesario que me responda, mis preguntas son retóricas, así se dice, ¿verdad?, no, no me responda, Laurita, ya le acabo de decir porqué. Cuando me pasan cosas interesantes se las cuento a los perros de la Andrea, y cuando no hay nada interesante mejor me quedo callado hasta para mis adentros y ni me hablo y ni me escucho. Pero últimamente ha sido diferente, ahora que estuvieron las calles vacías y solas, entró en mí como una serie de voces que me hablaban a todas horas, y no estoy loco, eh, la doctora sabe que no, pero eran mis voces, mis cuestionamientos, mis reflexiones, mis ideas, pero me dio miedo, me mostraban cosas que no entendía de mí, que no entiendo, por eso necesito contarle mi historia a alguien, necesito que alguien me escuche. Ay, no, qué feas son estas cosas, ¿verdad, Laurita? No sabes ni en qué momento estás parado sobre un banquito con la soga al cuello... bueno eso lo inventé para tener tu atención, pero no me vayas a colgar, por favor, uno tiene que inventar hasta lo que no para lograr lo que busca, pero sí podría poner un banquito y una soga al cuello, eh, sí podría, pero no lo hago, y no lo hago porque si no no podré contar la historia que necesito contar... bueno... bueno...-

-Laurita, parece que se le cortó la llamada, oiga, hágame un gran favor, dígale a la doctora que... ¿Cómo?... No, es que sí... No... Sí es... sí es urgente... Dígale a la doctora que mate a alguien, pero que tiene que escuchar mi historia...-

Abyss Borboa Olivera

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