IN MEMORIAM


Mi gatito Hades llevaba desaparecido más de tres días, es algo común en los gatos que viven fuera de casa se pierdan cuando andan libres. Hades tenía un poco más de 10 años conmigo. Fue un gatito bebé que adopté de las calles y lo traje a casa. Fue mi primer gato, no sabía mucho sobre ellos, pero intenté lo que era mejor. Vivía conmigo en mi recámara, no tenía necesidad de salir de casa. Su comida, su agua, su arenero limpio siempre, ambos nos acompañábamos, aunque la mayor parte la pasaba solito.


Luego llegó Elecktra que le hizo compañía a Hades. También fue otra gatita adoptada de las calles de Tijuana. Pero llegó su momento de pubertad y decidí que si iban a coger mínimo que lo hicieran fuera de casa porque no me dejaban dormir con sus bramas. Elecktra murió de una picadura de araña, Hades le sobrevivió. Lo metí de nuevo a casa, y cuando comenzó a marcar su territorio lo regresé al patio.


Hades era un amor de gato, quien llegara a mi casa para pronto éste los recibía en la entrada metiéndoseles entre las piernas a la gente y echándose para que le rascaras la pancita. Nunca fue un gato ni agresivo ni taciturno, era un gatito muy noble. Lo operé a los años, cuando me hice responsable de lo que era tener una mascota. Regresó adentro, pero solo para su convalecencia porque me siguió marcando y tuvo que regresarlo afuera. Cuando los machos llegan a su adolescencia comienzan a marcar territorio, la castración a temprana edad permite que no marquen, sin embargo, si el gatito fue castrado adulto seguramente marca, y seguramente seguirá marcando porque su psique así se lo pide. Esto mismo pasó con Hades.

Hades siempre estuvo presente en las filmaciones caseronas que nos aventábamos, a veces como actor, y otras tantas veces como animalito de apoyo emocional. Porque así como él quería a todo mundo, muchas personas también lo quisieron. Era muy manso y muy menso porque dejaba que otros gatos peleoneros llegaran a comerse su comida dejándolo todo tasajeado.


Quien conoce mi casa saben del Hades emblemático en la puerta de la casa, en los pilares de las rejas o arriba de los coches. Incluso la gente que pasa por mi calle llegaban a acariciarlo, jugar poquito y seguir. Hades no les seguía, él era de casa. La gente sabía que ésta era la casa del gato gris carbón.


Durante tres día estuve buscándole y nada. Ayer mi vecino me preguntó por Hades porque también se le hacía raro no verlo en casa. Hoy don Reyes me dijo que el día que vino ayudarme con los patios se encontró a Hades dormido en la banqueta, acurrucadito. Él siguió en lo suyo, hasta que se percató que no se movía, se acercó y lo encontró muerto como dormidito. Y ya.


Estoy muy triste nada más de saber que murió solito. Ningún animal debe morir solito, y sí me culpo por ello, porque pudo haber muerto conmigo. Le pude haber abrazado hasta que dejara de respirar. Y de pronto no supe qué hacer, no supe con quién desahogarme, no supe qué pensar, y recurrí a escribir esto porque es mi manera de desahogarme porque es como si alguien me platicara algo íntimo mientras yo le leo o escucho. Al menos todo este sentimiento y revuelo de emociones sirvió para darme cuenta la razón de mi escritura: contarme cosas que no tengo a quien más contar.


La casa de mi mamá la hacía mi mamá en ella, su fachada, su decoración, sus muebles, adornos, su esencia, su vibra linda, etc., mamá ya no está, y lo único que seguía anclando la casa a mi mamá era Hades, porque ésta era su casa también, mi mamá y él la compartían. Mi mamá siempre lo procuró y Hades le seguía. Ahora siento como si aquella casita blanca iluminada ha terminado su brillo y ha quedado entre la penumbra de la sombra y los árboles...


Mamá ya no está, tampoco Hades.

Abyss Borboa Olivera

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