HABLEMOS DE COSAS SIMPLES


con harto cariño a mi querida Violeta Velasco

Aquellas personas que consideran que el machismo y la misoginia es cuando el bato agrede física o verbalmente están muy equivocadas. Los micromachismos existen y son más normalizados de lo que pudieran o quisieran esperar. El micromachismo va desde la manera en que quieren que te vistas hasta la violencia, y en la violencia el grado más alto es el asesinato, entonces sí, señoras y señores, el machismo, micro o macro, sigue siendo parte de nuestra sociedad como un patrón a repetir a como dé lugar, y sigue anulando, cosificando y asesinando mujeres.

Habrá quienes se consideren que no son machistas ni misóginos, que ellos o ellas, (porque la mujer también es machista y misógina, y de eso les hablo en otra publicación), no reproducen el machismo ni la misoginia, y son las mismas personas que anteponen su ego frente al de su pareja: “primero yo, después yo y siempre yo”. Esta frase ha hecho tantísimo daño y la gente sigue sin entender su razón de ser. Cuando vivimos en una sociedad, en comunidad tenemos que entender justo eso, que estamos rodeados de personas con las que compartimos y nos acompañamos, no nos podemos dar el lujo de ser ególatras y no pensar en las otras personas. El “Primero yo...” viene cuando es necesario atender tus necesidades emocionales, las tuyas, las propias no las de las demás personas.

Sí, el “primero yo” sí es importante, pero se llega ahí cuando te liberas de esa egolatría que te frena a ver por las otras personas. Pongamos como ejemplo una relación sentimental erótica amorosa, (noviazgo o matrimonio). Por la razón que ésta sea, sólo imaginen el bato terminando una relación porque en algún momento de sus necesidades él necesitaba toda la atención absoluta de lo que él quiere “para los dos”, cuando la gente te sale con esos argumentos ramplones en realidad sólo está pensando en él, o ella, según su defecto.

Y esto, les guste o no, es mucho más común con los batos que con las mujeres. Las mujeres salen o dejan una relación cuando no están cómodas. Los hombres se aferran a esa relación incómoda creyendo que va a sacarla adelante, y mientras hace eso impone su forma precaria de pensamiento y comienza la gran danza de su falogocentrismo. El machirrul por primera vez en su vida se siente hombre y comienza a sentirse padre de la pareja donde él manda, él decide, él habla porque a esas alturas quiene tiene la razón siempre y únicamente será él.

Si las mujeres ya se sentían incómodas con ciertos comportamientos pueriles, machistas y/o misóginos, con esto sólo hace evidente que las tres cosas están juntas en un mismo guiñapo de bato que intenta “salvar la relación”.

Cuando la gente “dialoga” con sus Yo, (yo no estoy a gusto en la relación. Yo no quiero esto, Yo busco, yo quiero, yo necesito, yo, yo, yo...) es donde cae la ridiculez de los batos al no darse cuenta que es un discurso machista, misógino, falogocentrista castrante que cosifica y nulifica a las mujeres y lo que ellas también quieren, no quieren, y necesitan.

Pensar sólo en ti sí es un acto propio, nihilista, pero cuando los batos lo llevan a las relaciones que deciden tener se vuelve un acto machista y misógino sumado a lo nihilista, individualista y falogocentrista que ya es. Cuando involucran a terceras personas en sus necesidades deben también asumir su responsabilidad del daño que le harán a su pareja al querer imponer únicamente las formas que a ellos o ellas les interese.

Cuando las mujeres hacen exactamente lo mismo también están reproduciendo un discurso y actos machistas y misóginos, no es en contra de quién, no sólo aplica hacia las mujeres; en nuestra sociedad ese discurso se quedó como un discurso de autoridad, de imposición, de mi voluntad. A lo que voy es que estos discursos están entre hombres y mujeres muy independiente de su sexo y/o género, estos discursos están normalizados, se reproducen como algo necesario, y no están poniendo atención a ello.

Aunado a eso veamos ahora el maravilloso lugar de la víctima porque eso también es algo tan normalizado que la gente asume un rol que deriva del otro. Mi me cortaron soy víctima; si yo corto por mi capricho también soy víctima, y el punto es que ambas partes se ponen en posición de víctimas que sólo le dan vuelta al asunto una y otra vez. El ser víctima también es una cuestión de poder, y siempre la gente compite a ver quién es más víctima que la otra. Sí, las víctimas existen, y a éstas las secuestran, las violan, las asesinan, las desaparecen, pero el tipo de víctima que hablo acá es de la victimización ramplona de las relaciones de noviazgo y/o matrimonio.

Reconoces a una víctima cuando le escuchas decir, o lees el reclamo en el “ME”, (me hizo, me dijo, me hirió; no me quiere, no me habla, no me pela, etc.), cuando esto sale a relucir en el discurso sabemos entonces que es una persona que no se hace responsable de sus emociones y busca a quién responsabilizar de su descontrol y desequilibrio emocional.

Quiéranse y no reproduzcan ser ni la víctima ni el victimario en una relación. En una relación busquen entenderse, compartirse, acompañarse, no van solos ni solas, ahora tienen una responsabilidad más y es la de asumir tus propias emociones y sentimientos sin joderte a la otra persona.

Cuando las cosas no funcionan déjenlas ir pero ni por error se atrevan a reclamar o pensar siquiera que por “culpa” de la otra persona lo suyo terminó y/o no funcionó. Saber dejar ir sin decir gran cosa también es una cuestión de madurez porque comprendes que se hacen daño, que tú haces daño a la otra persona, y lo único honesto es retirarte sin reclamar absolutamente nada. Y si no quieren a la otra persona mínimo no le hagan más daño.

Abyss Borboa Olivera

8 vistas
Suscríbete a mi Poema Diario

© 2016 by Abyss Borboa Olivera 

Proudly created with Wix.com

Búnker Cultural

Plaza Pavilion, Zona Río 9111

Tijuana, B. C., México

Tel. 664-394-9179

  • Black Facebook Icon
  • Black Twitter Icon
  • Black Instagram Icon