GRACIAS 43


Ayer 9 de febrero finalicé 43 años de vida para entrar y darle la bienvenida a mis 44. Sin duda entrar a los 40 es entrar a una etapa muy chida, muy completa. Los 40 son el punto medio de partida, suponiendo que la longevidad promedio sea entre los 80 años, por lo tanto llegar a los 40 funciona como un reinicio, o bien, un inicio propio.


Para mí el reinicio podría ser cada año, con ese renovarte e ir puliendo las cosas que deben ser pulidas para vivir en paz, pero los 40, como etapa de vida, fue mi inicio hacia cosas y gente nueva. Sí, mi esencia perdura, e incluso puedo asegurar que mi esencia se ha vuelto más sólida y más sencilla, sin adornos, sin máscaras porque éstas nunca aprendía a usarlas. Hace poco una muy buena amiga me decía que cambiamos de máscaras a nuestro antojo y necesidades, en mi caso no he conocido las máscaras, quienes realmente me conocen saben que soy el mismo donde sea y con quien sea. Las máscaras me dan mucha flojera verlas en otras personas como para querer causar la misma hueva yo, o bien, la hueva de quitar y poner. Así que sí habemos gente transparente, sin filtros, directas, sin pedos de ese tipo.


Poco a poco desde mis 40 fui cerrando ciclos sin querer, dejando ir cosas y gente que ahora ya no están y no necesito, y tampoco extraño, porque avanzar también implica aprender a dejar ir, a soltar, pero dejar ir y soltar sin ninguna emoción que te ate al recuerdo, y sí se puede. Volteas a revisar la historia, no a revivirla, porque en ese querer aferrarte a revivir o querer buscar lo mismo del pasado sólo te lleva a quedarte en un eterno loop e donde no habrá forma de salir, y ése no debiera ser problema, cada quien decide la vida que quiere tener, pero el quedarse en ese pasado “feliz” hace que no conozcas las cosas chidas y diferentes que están por venir.


De mis 40 a 43 años las cajitas se fueron acomodando en su lugar para dar paso a una de tantas opciones que tenía. En esos años el Búnker Cultural se cerró, nos pidieron las instalaciones y hasta ahí llegó, muy satisfecho. Luego vino la muerte de mi mamá que en realidad era la persona que más amaba en la vida, así que aprendí a dejarla ir porque ella ya no va a volver. Luego vino mi cáncer y ese aprendizaje tan chido que tan relajadamente me regaló. Y así como mis primeros años fueron un caos, ese caos no vivió la desesperación, ni la crisis existencial, este caos para mí fue la perfección. El momento perfecto donde decides seguirle o quedarte.


Yo decidí seguir avanzando. Y aquí estoy, avanzo para mí, para mis emociones, porque lo que siga de vida la quiero vivir tranquilo, en paz, a gusto. Por eso regresar a la docencia no era opción, ese estrés diario de imaginar en qué momento el sistema y sus secuaces me iban a chingar. Esta segunda vuelta, o bien, esta primera vuelta, la que yo elijo, la quiero vivir como hasta ahorita, disfrutando cada pedacito de tiempo que tengo con mi gaterío, mi perrita, el sol, la lluvia; la familia, las amistades; los chacales y los culitos lampiños.


Lo único que me resta por lo que me quede de vida es agradecer cada minuto, cada detalle, cada oportunidad de despertar y decir: “A huevo, a darle”. Gracias a quienes de manera presente o no me han acompañado, porque esta travesía se ha vuelto también más ligera, liviana, y llena de luz gracias a ustedes, no sé quiénes, pero sé que sí hay una que otra tan enferma como yo como para acompañarme y por ello gracias. Gracias por haber formado parte de mis 43 años, quédense y veamos qué nos presenta estos 44 años que con harto amor decido vivir.


Abyss Borboa Olivera

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