FIN INFINITO


Ustedes y yo sabemos que yo cuerdo del todo, del todo no estoy, pero tampoco busco estarlo, me gusta ser como soy y lo que he construido de mí. No hay cosas que no me gusten de mí porque las que ha habido las modifico o las saco de mi sistema, el punto es que no pierdo tiempo en estupideces, antes sí, sobre todo perdía mucho tiempo invertido en cosas y gente que puede haber utilizado bien en otras cosas o en otra gente. Y tampoco es ése el punto, el punto es que este año, pues sí fue mi año, la verdad, la verdad la pasé de maravilla.


En enero recibí el año en buena compañía y conocí en Pozole Verde, ahora es uno de mis favoritos y me sale de poca madre. He ido perfeccionando la receta. Gracias a este pozole aprendí a preparar y descabezar el maíz para estos platillos. Y como en ese mes mi internet valía verga, pues me entretuve aprendiendo a preparar mermeladas, aprender a hornear pan rústico, pais de manzana con cubierta de pasta y moronas, las galletas de mantequilla y las de avena. Utilizaba mi celular para leer recetas y de varias hacer la mía. Escribí.


En febrero tuve un excelente inicio, hice Sapito y eso ha sido una experiencia muy significativa en mi vida. Le seguí con dos festejos de cumpleaños, con mi familia, y con mis amigos y amigas. Ambas reuniones las disfruté muchísimo. Comimos riquísimo. El WeedParty que hice con los compas también estuvo de poca madre, la convivencia, la motita roladora, las pláticas, y mis suculentos munchies, en esa ocasión les preparé Humus de diferentes sabores, galletas de avena, panqué de plátano, y Ratatouille con y sin carne, y Pasta Griega con vinagreta de limón. Escribí.

Marzo fue un mes también muy completo para mí porque me tocó revisión oncológica de rutina en remisión que lo más padre es el estar con mi familia, sobretodo con mis sobrinas porque son las pequeñas. Hubo excelentes resultados de mis estudios y análisis. Comenzó la cuarentena y me encerré en casa al regresar a Tijuana. Escribí.


En abril perfeccioné varios de las recetas recién aprendidas y disfruté en gran medida el estar aislado. En abril modifiqué mi dieta y mi ingesta de marihuana. De fumar una vez al día, descubrí que si fumaba todo el día podía mantener el apetito activo para poder comer cada tres horas, y me ha funcionado a la perfección. En abril entendí que la marihuana tenía que pertenecer a mi canasta básica, y apartar dinero para que nunca falte. En abril supe lo que era comprar por onzas. En abril perdí el contacto de un muy buen dealer, pero eso me forzó a buscar lo que necesitaba para mí y mis comodidades. En abril comenzó mi búsqueda, 3 dealers pasaron. 1 excelente, pero carísimo. Y los otros dos buenas mexas, pero sucias (coquitos). Escribí.


En mayo descubrí mi dosis perfecta, (según yo), de LSD. Supe que para mí 1 LSD cada 15 días es algo justo y necesario, y me ha funcionado también de maravilla. Esto me llevó a investigar más al respecto de su consumo, causas y efectos. Aprendí del Mood y del Setting necesario no sólo para el LSD sino para el consumo de cualquier droga. Escribí.


Junio y julio fueron meses de trabajito interno chido acompañado de drogas, por supuesto, y mucha comida nutritiva. En junio se cumplía un año de mi esofagectomía y en julio un año de regresar a Tijuana donde añoraba regresar a lo que era, sin embargo, pos’ no, por eso estos meses fueron para acomodar las últimas piezas que quedaban por adaptarse. Escribí.


Disfruté agosto por su calor en Arizona, y con alberca en casa de mi hermana pues ya se imaginarán, me quedé cerca del mes, porque tenía la oportunidad de una vez estando allá que me retiraran mi ChestPort y así fue. Yo soy amante del calor, así que ni Arizona ni Tijuana me conflictuaban, pero con alberquita les aseguro que el LSD es otro pedo muy rico. Escribí.


Septiembre fue un mes de compas y viajes. Nos fuimos a Mulegé, pero en esta ocasión lo hicimos en avión, a Loreto y subimos a Mulegé. Fue una experiencia muy, muy grata porque solo íbamos mi mejor amigo y yo, y ambos igual de atascados de nuestras drogas. Pasamos 8 días en las playas entre mota, hongos y LSD, y por supuesto, nuestras charlas de todo y la nada que siempre son una delicia, incluso nuestros silencios también se vuelven una conversación chida. Aunque mi mejor amigo y yo nos nos vemos hasta en meses, cuando nos vemos, al menos yo recargo pilas porque ese cabrón es otro pedo, es como el hermano que no tuve y quise tener.

En octubre regresé a Arizona a mi siguiente revisión, los resultados fueron buenos, pero hubo un detalle que está en observación para saber su procedencia. Igual y como siempre, lo más rico y chido de viajar a Arizona es ver y estar con mi familia y comer rico. Como en Tijuana no tengo familia que me frecuente o yo frecuente, cuando veo a mi familia núcleo pues realmente les disfruto. Es como cuando me cargo pilas con mi mejor amigo, pues acá con mi familia. Escribí.


Noviembre quedó presente en mi vida como uno de los viajes más astralmente-emocionales que se puedan imaginar. Viajé a Oaxaca, pero ahora a sus playas: Zopolite. Me traigo los mejores recuerdos, los mejores visuales, las mejores sensaciones vividas con LSD, y amistades entrañables. Un viajecito de nuevo con mi mejor amigo, su esposo, y sus mejores amigos. A todo este mes yo le llamé Zipotrip porque aunque haya regresado de Oaxaca el trip seguía y sigue vigente como el primer día, sólo que esta vez como recuerdo.


Diciembre fue sin duda el cierre perfecto con broche de oro. El haber podido y querido pasar la navidad con mi familia fue la mejor decisión que pude haber tomado.


Como verán, pues sí, sí fue mi año, y me siento sumamente completo y satisfecho con mi vida y lo que he hecho de ella. Sí, hubo pérdidas, personas que apreciaba y que terminé sacándolas de mi vida y mi corazón, pero también creo en los ciclos como en los procesos, y seguramente nuestros procesos ya habían finalizado, así que no hard feelings. Y las personas que están y se quedaron de alguna manera u otra en mi vida, mil, mil, miles de gracias por hacerme sentir acompañado, eso en tiempos de pandemia es un lujo, y gracias por ello de todo corazón.


Al menos este año no morí ni de cáncer, ni de Covid, veré qué me depara el siguiente año. Por mí, lo que venga y como venga, ya me las arreglaré yo para adaptarme a lo que me tenga que adaptar. No espero mucho, y lo poco que espero es que mi familia, mis amistades y todas ustedes tengan su año, que, a pesar de las cosas no gratas, las crisis existenciales, los bajones emocionales, el 2021 sea SU año.


Abyss Borboa Olivera

31 de diciembre 2020.

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