EL REACOMODO


Mi mujer creyó que era prudente organizar una especie de cronograma para tener sexo y otro para hacer el amor. Me lo consultó, y como siempre he confiado en ella supuse de nuevo esta vez que era buena su idea. En los 6 años de casados nunca hemos tenido la necesidad de programar cuando cogemos, es simplemente que ambas partes queramos y estamos disponibles el uno para el otro, y la verdad es que siempre queremos, pero con esto de la cuarentena sí hemos tomado medidas drásticas a muchas cosas que no habíamos tenido esa necesidad de repensar y reorganizar las cosas.


Afortunadamente no tenemos hijos, y eso hace bastante más llevadero el confinamiento porque no tienes esa responsabilidad de atender y educar más allá de buenos modales. Nosotros tenemos gatos y perros, pero no son nuestros hijos, son nuestras mascotas que con mucho amor cuidamos, protegemos y alimentamos, digo, es lo mínimo que merecen después del cautiverio que les hemos impuesto a estos animales que alguna vez fueron salvajes. E hijos o hijas como tal no hemos ni por error pensado en ello, y no me lo tomen a mal, pero somos una pareja bastante consciente de la sociedad que tenemos, y ofrecerle eso a nuevos seres humanos es un acto de asesinato, prolongado, pero asesinato al fin. No es un tema para nosotros porque el tener hijos no es un tema y punto.


Ambos estamos encerrados en casa, y ambos desde ahí trabajamos. Ella es filósofa, maestra de universidad. Yo trabajo en ventas por teléfono. Yo continúo con el mismo horario que he tenido, he hecho yo he trabajado desde casa mucho antes de la cuarentena, y como yo me quedo en casa yo me encargo de mantenerla limpia y de prepararla comida, a Mariana le toca ir al súper y hacer los pagos necesarios, yo no tengo cabeza para esas cosas y Mariana es muy organizada. Y aunque todos nuestros pagos ya son en línea, es ella la que se encarga de ello. No pagamos renta, es casa nuestra, y eso en frontera ya es una gran ventaja porque acá los precios de las rentas son altísimos e ilegalmente en moneda americana. Somos conscientes de nuestro entorno y utilizamos los servicios públicos lo necesario únicamente.


Al estar ahora ambos en casa obviamente se vienen a complicar muchas cosas, por ejemplo, Mariana se opuso a que yo continuara con la limpieza y la cocina de manera habitual, así que entre ambos nos repartimos el día para hacer esas cosas que nos mantienen en común, sólo basta con gritar: Yo limpio, o Yo cocino, para que la otra persona se dé por enterada y no se interponga al menos que tenga cada uno alguna razón suficientemente fuerte como para ganar lo peleado. De esta manera Mariana pensó que tendríamos algo más que hacer que no fuera algo común, y nos ha funcionado.


El reacomodo de los espacios de la casa también fue necesario. El comedor terminó en la sala donde ambos tenemos nuestras computadoras, y el comedor quedó vacío para que Mariana lo utilice como foro para sus clases en videoconferencia. Y habilitamos otra recámara por si alguno de nosotros buscaba algún momento fuera de nosotros. Trabajo en ventas, pero no me toca vender, me toca idear campañas para las ventas, revisar y aprobar lo que otros compañeros hayan hecho, así que por lo general trabajo en silencio o escuchando música.


La música no fue problema porque ambos disfrutamos de lo que el otro pone, a mí me gusta la música de Mariana que es más clásica, conservadora, seria, y a ella le gusta la mía que soy más moderno y electroso. A veces tenemos encendida la música a un volumen moderado, o a veces cada quien carga con sus audífonos.


La comida sí es algo que aprovechamos para tener ese tiempo juntos. La comida y la sobremesa es nuestro tiempo, temprano son nuestras obligaciones, de la comida en adelante es nuestra cuarentena en casa. Eso sí, cada quien antes de la comida se baña y se cambia decente, porque le queremos dar ese toque de realidad que no nos había tocado. Durante la semana no comíamos juntos, así que ahora se trataba de sacarle provecho a todo lo que no habíamos tenido.


Y en eso de tener pues, el sexo, el sexo sí ha sido un problema, porque como estamos todo el día en casa juntos, pues queremos estar cogiendo a todas horas, el problema es que desatendemos nuestras obligaciones y después no habrá cómo pagar gastos. Por eso es que Mariana propuso se hiciera un cronograma distinto, uno para coger de: te vienes y te vas; y otro para hacer el amor, que implica todo el tiempo del mundo para que ambos nos disfrutemos, y como a éste último se le invierte tiempo lo dejamos una vez a la semana, mientras que el coger es diario pero en distintos horarios y cronometrado para no desperdiciar tiempo. Podría parecer muy monótono, pero les aseguro que no lo es, al contrario, se vuelve excitante, y para hacerlo más cachondo el asunto tenemos 4 alarmas a lo largo del día que nos da un estimado de 15 minutos para coger. La alarma suena y si ambos nos volteamos a ver con deseo, le damos, si alguno de los dos continúa en lo suyo, lo dejamos pasar. Pero únicamente tenemos esos 4 tiempos de 15 minutos para coger, fajar y divertirnos.


Yo desde que era joven me realicé la vasectomía, así que no me preocupa el que podamos tener hijos accidentalmente, una porque es 99% imposible, y para ese 1% estaría toda la carta de métodos abortivos. Mariana no tiene necesidad de métodos anticonceptivos, ambos nos cuidamos el uno al otro.


Hay ocasiones en los que las 4 veces las aprovechábamos, pero terminábamos muertos que al día siguiente no queríamos ni trabajar. Y también ha habido ocasiones en las que ninguna de las 4 alarmas queremos aprovechar. Pero estamos juntos, nos gusta tenernos juntos, protegernos, apoyarnos, ser la pareja que somos, pero acá entre nos, a mí lo que más me gusta de esta cuarentena, lo que más disfruto es el ver a Mariana sonreír cuando le digo que me gusta tanto como hace 6 años.



Abyss Borboa Olivera

-Cuentos de cuarentena- 2/2

Abril/18/2020

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