DON’T KISS AN ELEPHANT ON THE LIPS TODAY



Cuando despiertas y escuchas el ladrido de los perros sabes muy bien que sí despertaste, que no estás soñando y que sigues vivo, no siempre se experimenta de la misma manera, pero algo se experimenta, algo sucede, y comienzas a despertar todos los días con las mismas desganas, con la misma cara de aburrimiento y ni siquiera le das tiempo a la vida para que te sorprenda. A estas alturas te despiertas prácticamente para dormir, justo antes de volver a la cama, después de un día ajetreado y nada entretenido, te despiertas antes de querer cerrar los ojos, y ahí estás, de un lado a otro, como si fueras una persona productiva, dando vueltas sobre el colchón estrecho que te dejó tu conformidad mediocre desde que eras un joven. Es en ese momento donde se le ocurre a tu cerebro conversar contigo, o jugarte una especie de manipulación seductora en la que siempre caes, y terminas por dormir a lo mucho un par de horas. Eso es de todos los días, no hay mucho qué hacer, ni tanto qué esperar.

Te acostumbras a despertar para dormir, y dormir para estar todo el día con la misma cara y sentimiento de aburrimiento a la vida. Y de pronto tienes que sonreír para no verte un subnormal, saludas como si te interesara las otras personas. A veces olvidas los nombres porque no les consideras importantes, ni los nombres, ni los portadores de esos nombres, pero aprendes a saludar hasta con las cejas, el mentón, o los ojos, y llegas a un momento donde ni siquiera consideras prudente ofrecer la mano para saludar, y ya ni se diga del abrazo; besos ni pensarlo, desde que el país prohibió esos actos de afecto por salubridad, muchas personas dejaron de hacerlo, y aún cuando lo permitió de nuevo el gobierno, muchas personas como tú aprovecharon para no volver a saludar de mano, abrazo o beso a nadie más, tenías un buen pretexto, muchísima gente había muerto por darse la mano, el abrazo o el beso infectado, y tú aprovechaste el momento para nunca más volver hacerlo.

Nunca imaginaste que entonces ahora la sociedad exige de ti que saludes de alguna manera que sea convencional entre quienes han elegido no tener contacto con otras personas al menos que sea para sexo y faje exclusivamente, porque ahí sí las reglas se pueden alterar, o brincar una que otra cuando se trata de los placeres. Aunque ya no vas por la vida abrazando, saludando de mano o besando a la gente, ahora te reservas cada mes esa necesidad para cuando tengas a la persona que te atraiga sexualmente y entonces sí poder besar cada rincón de esa piel, abrazar cada pedacito descubierto, tocar todo cuando se pueda, ahí no hay peligro de infección, no cuando sabes que la persona ha pasado por una serie de estudios que dan negativo, pero terminando el acto sexual, amoroso, o sexual-amoroso todo vuelve a la normalidad, y no te despides de beso, ni de mano, ni de abrazo, le dejas ir y sólo le avientas un: -hasta la próxima-. Y así repites una y otra vez lo mismo cada que sientes esa necesidad de tener un contacto físico con otra persona.

Esta mañana los perros no ladraron, y justo eso fue lo que te despertó. Con el ceño fruncido intentaste agudizar tu oído para ver si era a lo lejos que se escucharan, pero fue inútil, tú medio sordo y sin perros no se podía ni se pudo lograr mucho. Cumpliste con la rutina de tus días: despertar, levantarte, tender la cama, orinar, lavarte las manos con todas las acciones probadas y recomendadas; te lavas los dientes, secas tus manos, alistas un poco tus cabellos, y ni siquiera le regalas una mueca de sonrisa a tu reflejo, continúas, vas a la cocina, preparas tu desayuno: papaya, avena, agua y a la licuadora, no sabe a mucho, pero al menos es algo. Preparas tu café que nuca te tomas pero lo haces para no perder la memoria del aroma del que tanto disfrutabas. Te metes a bañar, tallas tu cuerpo minuciosamente porque seguramente este día tengas visitas y debes estar por lo menos libre de gérmenes y bacterias en tu cuerpo y en tu ropa limpia. Seleccionas la ropa del día, te vistes, y te sientas frente al ordenador intentando trabajar como te indica tu contrato de Home Office. Observas por la ventana cercana a la computadora y ves pasar a la gente todavía con cubrebocas. A pesar de que ya no había peligro alguno, muchas personas siguieron utilizando el cubrebocas como una prenda más de vestir. La gente se abraza, porque ahora puede hacerlo, y quienes no abrazan les ven feo. Ahora todo esto es algo así como una suerte de empatía barata.

Pero cosas buenas también trajo esa pandemia. La gente que iba a las iglesias tuvo que dejar de ir por mandato de sus gobernantes, ahora que se puede ya nadie regresó, las iglesias fracasaron y ahora su doctrina y servicios son digitales. Prohibieron los bares cerrados, ahora todo lugar de esparcimiento para adultos debe ser en áreas al aire libre, fuera anonimidad. Ya no hay escuelas, las escuelas son virtuales, lo mismo que los trabajos. En las calles los autómatas hacen el trabajo que tú dictas desde tu ordenador. Hay horarios establecidos para salir de casa por las mañanas y de regreso a casa al toque de queda por la noche. El gobierno permitió que casas grandes, vecindades se abrieran entre sí para formar pequeñas comunidades, ahí al grupo le toca elegir quien ayuda con los problemas educativos de quienes estudian en línea, ahí se decide quién se quiere encargar de algún quehacer que sirva a la comunidad. Las calles están vacías de coches y transeúntes, únicamente en horas pico, el resto del día las calles y bulevares están llenos de animales salvajes y domesticados que se han hecho amigos entre ellos. Hay una gran cantidad de áreas verdes por todas las ciudades. Los parques, las playas, los bosques están limpios. Los mercados son pequeños y son ambulantes, se consume lo que la misma comunidad produce, o lo que otras comunidades desean intercambiar. Ya no se habla del feminismo, ya no hay esa necesidad de lucha contra el heteropatriarcado, ahora las computadoras rigen el sistema sin importar sexo, género o color de piel.

Cuando eres una persona soltera y te interesa tener algún encuentro sexual tienes que someter una solicitud para que la Secretaría de Salud te la apruebe, una vez aprobada te manda, vía digital, una lista de los posibles candidatos según tus preferencias de edad, estatura, complexión, o gustos afines. Es tu única oportunidad, si no te gusta nadie, te quedas sin el permiso oficial y hay que esperar hasta el siguiente mes, así que lo más recomendable es elegir lo mejorcito de la lista. Al menos lo que ambas personas saben es que son objetos sexuales el uno del otro y nadie tiene problema con eso. El problema es el punto número 10 del reglamento de Cortejo, Sexo y Faje que establece que: la persona que visita a la otra debe pasar la noche ahí y retirarse al día siguiente al levantar del toque de queda de la mañana. Eso trae un problema porque hay gente como tú que no soporta tener gente tanto tiempo, mucho menos que se sientan con la liberta de abrazarte o volverte a besar porque le parece romántica la idea de encierro de amantes en turno. Cuando llega el momento y no hay química lo más sencillo es que cada quién se acomode en algún lugar de la casa, departamento o habitación y se dedique a lo suyo hasta el amanecer.

En eso estabas observando a la gente en la calle cuando recordaste a Miguel que estaba en la habitación continua, ya era hora de marchar y parecía como si no tuviera prisa por irse. Fuiste hasta donde él estaba. Él dormía plácido sobre el sillón. Roncaba. No quisiste despertarlo, al final de cuentas no era tu responsabilidad. Era la responsabilidad de tu compañera de piso que no le pareció un buen candidato para aparear. Y como no te gusta meterte en asuntos ajenos le dejaste dormir. Tú regresaste a tu trabajo obligado sin ánimos de continuar, y ahí estabas, pensando en la nada cuando de pronto…

-Ey-

-Ey-

-¿Se fue Paola?-

-Su fue-

-¿Crees que podría ducharme?-

-Las toallas están en el mueble antes del baño, y los artículos de limpieza en el anaquel. Por favor deja limpio e incinera todo.-

Ahora la ropa es desechable, y la que dejas de usar debe incinerarse. Las casas y departamentos ahora tienen sus incineradores, o bien los hay en cada esquina.

Tu trabajo consiste en monitorear un autómata que escribe cuentos para ser publicados cada 15 minutos. Tú debes asegurarte que el autómata no falle en su ortografía, sintaxis y discurso, mandar publicar. Los escritores, los poetas y poetisas murieron con la pandemia, era la generación más vieja, la del último conocimiento, la que sabía de letras, por eso decidieron inventar autómatas artistas que escriban, que pinten, que bailen, que creen, pero siempre bajo la supervisión de personas humanas vivas. Todo es falso pero pulcro, bien hecho. Dejaron de existir los partidos políticos. ahora, a la edad adulta cuando te registras como persona adulta, en una plataforma debes elegir la persona cuya filosofía te identifique y asumir las responsabilidades de esa afiliación. Debes cumplir con sus lineamientos y reglamentos, de no hacerlo se te confina en tu casa por lo menos 5 años como castigo. Como persona ciudadana estás obligada a registrarte como persona adulta y elegir. La gente no lo cuestiona, lo hace. Nadie se cuestiona ya nada, no es necesario. Las cuestiones o crisis existenciales o filosóficas que la gente pueda tener hay una línea telefónica las 24 horas con autómatas especializados en brindar respuestas a tus incógnitas de la vida.

Miguel por fin se retira, te despides de él con las cejas, cierra la puerta y te quedas solo, te quedas inmóvil. Observas a través de la ventana y las calles están de nuevo vacías, ya todo mundo debe estar en los lugares asignados o en sus casas. Intentas salir a escuchar el silencio, el canto de los pájaros, el viento, pero sabes que está prohibido y te tienes que conformar con escucharlos, verlos y sentir el aire a través de tu ventana. Y justo en ese momento sientes la necesidad de un abrazo, ésa la que dejaste de tener hace muchísimo tiempo atrás, pero hoy regresa, y quieres que te abracen y quieres abrazar, pero debes esperar a que te toque tu turno, acaba de pasar tu permiso del mes. Sales corriendo para ver si alcanzas a Miguel para pedirle un abrazo, pero Miguel no está. Regresas a tu casa, cierras con todos los cerrojos, te repones de ese abrupto emocional y regresas al ordenador, revisas el trabajo del autómata, lo corriges, lo pules, y lo publicas


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