ANTIGUO TESTAMENTO... Un viaje de LSD.


Aunque mucha gente considera y reproduce la idea errónea que el LSD es una droga que solo daña, también habemos personas que hemos aprendido a interpretar el acompañamiento que éste te ofrezca. El LSD es un maestro, un acompañante para escucharte, para dirigirte, para saber ordenar tus ideas. O bien, es una droga chida que hasta para la fiesta está chido cuando sabes aprovecharle, de lo contrario terminarás con más marañas que con las que iniciaste. Yo recomiendo utilizar el LSD, (también conocido como: Ajo/Ajito, cartoncito, papelito, ácido, ácido de batería, Disney, Electrolito, Batman, Dragón, entre otros), cada quince días como terapia, pero si eres una persona hardcore entonces con uno a la semana es más que suficiente para aprovechar sus beneficios. (En alguna otra publicación les platico de qué es, sus efectos y sus beneficios).


Ayer decidí meterme un Ajo, lo estuve pensando mucho, no el metérmelo, sino el estar consciente de lo que quería aprender con el trip, sobre todo lo que estaba o no dispuesto a avanzar con mi nueva realidad vuelta una lección de vida gracias al ácido.


Y así fue, me tragué el LSD como pastilla y ahí te voy, éste me pegó como a los 20 minutos, y supe entonces que mi vuelo había despegado. Como por lo general me drogo solo aprovecho para cuestionarme las cosas que quedan pendientes en el tintero de mi vida. Me ha llevado tiempo pensar qué o cómo era lo adecuado para separar el pasado del presente, y me refiero al mío, al Abyss Antes del Cáncer, y al Abyss Después del Cáncer. Separar y definir me ayuda a equilibrar, a estabilizar, a solidificar mis emociones y mis ideas. A mí así me funciona y así funciono, y la verdad en gran medida el cartoncito ha venido a hacer más sencillo el crecimiento, sobre todo porque mientras haces las paces con tus demonios disfrutas sus colores, sus formas y sus sensaciones.


Este tema del antes y después ha sido el tema para mí en estos últimos 6 meses, donde a mí me ayuda acomodar para avanzar. Mi vida antes del Adeno era otra, una donde era docente, teatrero, escritor, poeta, cuentista, dramaturgo. Era el alcohólico que por muchísimos años bebió alcohol como agua, y en las mismas cantidades, por mi peso, mi edad y mi estatura tuve muchísima resistencia al alcohol, hay mucha gente testiga. Así también lo fue mi tabaquismo de 20 años con dos cajetillas diarias. Era el Abyss que no conocía su cuerpo, el escucharlo, el sentirlo, el de ocuparme de él. Era quien se mal alimentaba, no por consumir comida chatarra, sino por no comer más que una vez al día y hasta el final. Era el Abyss que le gustaba dormir de lado y voltearse solo 1 vez durante la noche. Era el Abyss siempre en movimiento, siempre atento, siempre preocupado por los y las demás, preocupado por la educación, el arte, la humanidad. Era el Abyss iracundo, el paciente desesperado, el callado de sus cosas, el atento a todos los detalles de las otras personas.


Los 6 meses que duré en tratamiento los aproveché para prepararme a bien morir, no sabía el desenlace, ni me hacía ideas románticas, no era mi “positivismo”, era mi razonamiento y proceso natural de las cosas que yo accedí sin oponerme a nada. 6 meses me llevó repasar, reacomodar, renombrar, y desechar las cosas que no quería cargar, incluyendo a personas, me despedí de ellas con cartas que nunca enviaré, cartas donde les agradecí su compañía por el tiempo que haya sido, pero que ahora ya para mí significaban nadie más que el haber tenido memorias chidas con ellas.


Aprendí a ver la muerte como ese proceso natural del que todas las personas somos parte y no hay forma de burlarlo. Abracé la idea de morir como un objetivo bien logrado y para bien lograrlo necesitaba irme completamente libre, y para ello aprendí a respirar, a dejar ir, soltar, simplemente porque en ese momento lo único que buscaba en la vida era paz y tranquilidad para mí y mi familia. Así que poco a poco fui ordenando, sanando, surgiendo hasta que estuve listo, me sentí listo y justo en ese momento me sentí la persona más viva del universo porque ahora ya lo único que me quedaba era agradecerle a la vida por la dicha de haberme permitido vivir la vida que tuve. Aprendí a prepararme para bien morir, pero olvidé prepararme para el bien vivir. Me enfoqué en la muerte y es una delicia, pero olvidé la vida, porque según yo eso era “pan comido”, y no, no lo fue, desde el primer instante que abrí los ojos al salir de cirugía supe que ya nada sería igual que antes, y entonces me llevó 6 meses más para estar donde estoy y con la mejor estabilidad emocional que en la vida he tenido, y así, todo esto se fue en un cuadrito de cartón de 1cmx1cm.


Sin embargo, aquella vieja historia del Abyss de antes necesita estar ahí, aunque sea como archivo muerto, porque ahí no solo estoy yo, está toda la gente que estuvo conmigo, la gente a la que me interesaba socorrer en la medida de mis posibilidades. Ahí está, ahí se queda, pero ya no sigue vigente ni actual, es mi Antiguo Testamento, por así decirlo, y hasta le abona a la religión Abyssista.


Ahí se queda el Abyss Docente, el Abyss alcohólico, fumador, malpasado, el Abyss teatrero, el escritor, el poeta, el crítico. Ahí se queda ese compa que fue con muchos y muchas de ustedes, el Abyss preocupado por la humanidad; el Abyss feminista, el Abyss aguerrido.


Mi Antiguo Testamento tiene un Génesis, y para mí es Benigna. Benigna es el principio de mi teatro de frontera, y sin embargo tan universal. Benigna es la esencia de Tijuana, de sus personajes tan reales, tan fuertes, tan olvidados, tan deshumanizados por la sociedad.


En mi Antiguo Testamento se quedan mis pseudónimos de la Esquizofrenia del Placer: Sárah Bruelle, Sergey Bodeló, Ely Balah, Alexandra Belluaire; Ana Balbuena y Arnulfo Borgoña, (cuánta necesidad había de decir tantas cosas). Ahí se queda la poesía completa dedicada a la sombra, a los fantasmas, a la añoranza.

En el Antiguo Testamento Abyssista se queda el proyecto que logró evidenciar un trabajo artístico hecho para y por la comunidad. Ahí se queda el Búnker Cultural con sus reservaciones para los eventos, se quedan las fechas, las fotos, las obras, la gente, la memoria.


En mi Antiguo Testamento también hay un Malaquías, un último libro: Toto & Lolo. Una obra que encierra absolutamente todo lo que cree dentro de mi teatro, mis personajes, mis discursos, mis propuestas, mis otras posibilidades de vida, mi esperanza. Toto & Lolo son dos amigos inseparables y presentan una obra dentro de una obra donde ellos mismos son actores y es su vida real, hasta que uno de ellos se queda solo. Una obra que nunca tuve tiempo de montar, pero era la ideal para cerrar con broche de oro el último libro del Antiguo Testamento y el proyecto del Búnker Cultural.


La producción completa del Antiguo Testamento tiene como base el tema de las mujeres que abona a la lucha de sus derechos, la mayoría de mis personajes son mujeres, y Sárah Bruelle es base sólida de lo femenino de mi acción y discurso.


Ayer me despedí de todo eso y le agradecí su acompañamiento, pero es tiempo de avanzar, de crecer, de vivir. Ya comencé el Nuevo Testamento y ya llevo 5 obras que entran aquí, y se nota lo distinto, se nota la madurez de mis ideas y mi pluma, yo lo veo y con eso me basta. Y así, aterricé muy satisfecho de haber aprendido a separar, agradecer y dejar ir un pasado que ya no me corresponde.


Y así es cómo el Adenocarcinoma y las Drogas ha sido lo mejor que me ha pasado en la vida.


Abyss Muysatisfecho Borboa Olivera

Septiembre 6, 2020.

La Presa Rodríguez, Tijuana, B. C.

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