AMOR A DOMICILIO...


En esta etapa de mi vida yo horneo o cocino lo que a mí se me da la gana cuando a mí se me da la gana. Al principio me molestaba que todo mundo me decía que horneara o cocinara para vender, que aprovechara y vendiera, que ofertara, y bla, bla, bla. A mí eso de cocinar u hornear para vender no se me da, porque entonces esta libertad que les ando manejando luego se ve esclavizada y obligada a cumplir con sus consumidores, y la neta, además de ser malísimo en muchas cosas, en ésta también, no sé vender ni venderme, cosa curiosa. Yo voy por el mundo regalando la comida que cocino porque me gusta compartir, y las “ventas” que hago de pan, hummus o mermeladas y requesones son pa’ entretenerme y los hago bajo pedido, si hay pos’ bueno, y si no, pos’ no, pero eso no quiere decir que no le ponga muchas ganitas y lo haga bien.


Ah pues, la gente que me pide que le venda un PIE en lugar de venderle el pie le ofrezco cocinarlo en su casa para que aprenda y lo hagan en casa sin pagar por él. Yo encantado que todo mundo aprenda y a mí me dejen de chingar. Yo no les quiero vender nada, soy de cooperaciones voluntarias, y ni eso me gusta porque entonces me obliga a competir con el mercado y tener que sacar toda una línea de alimento porque la neta lo mío es lo vergas del momento, y pos’ como que ahorita me da hueva aventarme ese rollito de competir con absolutamente nadie.


Este fin de semana visité a mi hermana postiza, una de pocas, de mis amistades más antiguas y significativas. Fui a su casa y les intenté enseñar hacer el puto pie, nadie me peló, porque cada quien estaba en su chorcha y aportándole algo a la dinámica del día. Porque eso sí, seremos visita, pero a mí como visita me gusta ofrecer mi apoyo en lo que sea necesario. Pues yo me quedé en la cocina hermosa con barra y mostrador de granito, y una estufa que he aprendido amar a lo largo del tiempo porque está muy pinche hermosa. Pedí me dejaran conectarme al bluetooth para conectar mi playlist: House Trip (enlace en primer comentario). Para eso ya me había aventado un gallito, por lo tanto estaba justo en mis siete sentidos agudizados, (el sexto sentido es el de las mujeres, ése lo tengo, lo desarrollé; y el séptimo es ser la verga, y pos’ también se los vengo manejando), nada hacía falta.


Cuando uno llega a esa casa llegas a tu casa, es decir, te sientes parte de la familia de tres, de tres como núcleo, pero la familia se multiplica y eres aceptado, recibido y amado por la familia entera, así que sí, cuando llegas a su casa llegas a tu hogar.


Con tiempo le mandé una lista muy específica de lo que necesitaríamos, yo sólo quedé de llevar mis moldes por si fuese necesario. Porque ahí donde me ven yo salgo de casa con dos neceseres muy importantes: el del orégano para mi pozole, y el de cocina, ya sean moldes, ollas, refractarios y/o especias. Pero pues a mí nadie me escucha, así que a mi llegada tranquila y serena los ingredientes no estaban a mi disposición.


Salí de casa a las 11:00am, y llegué a Verona a las 11:40am, había mucho tráfico en la ciudad. En otros días de pandemia había hecho 25 minutos como máximo, esta ocasión fueron 40. De regreso no hay problema, de noche y con calles vacías llego de entre 18 y 20 minutos a casa.


Lo único incómodo para mí es la garita para entrar a Verona, hice fila como de 10 minutos, pero como entiendo la dinámica no me quejo, el punto es que llegué y al llegar me tronó la tacha del munchies así que almorcé una deliciosa chuleta ahumada con una hashbrown.


Las cosas que hacían falta sirvió de pretexto para caminar por esa comarca y comprar los víveres necesarios, o sea, los ingredientes que previamente envié para que estuvieran al acceso de nuestra clase. Tuve que avenirme a lo que había y con los ingredientes que había que YO no elegí ni dicté, pero como soy vergas donde quiera soy perico, así que les hornee con mucho amor y gratitud estas delicias de Pies de Manzana.


Así que ya saben, yo no vendo nada, pero con muchísimo gusto puedo ir a enseñarles para asegurarme que no me estarán chingando con venta de mis deliciosos platillos.


Aquí las personas afortunadas son mis visitas porque soy como la tía quedada que cuando la visitan atiende como atenderían al marido que nunca tuvimos, que les decía.


Yo soy muy afortunado de contar con esta otra familia que siempre, siempre estaremos ahí los unos y las unas para los otros y las otras.


Con amor y gratitud

Abyss Borboa Olivera



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