COCO


-Hola, yo soy Paula y soy adicta...- Ésa frase la repetí tantas veces como puede, y no crean que en un mismo grupo de autoayuda, no, yo atendí a tantos grupos de todo tipo pude. Claro, me inventaba cualquier cosa para poder tener acceso a los grupos. Y no, no soy de esas personas que no sabe lo que quiero, sí sé y por eso mismo decidí darle la oportunidad a estos grupos, de algo debían de servir, al menos eso creí, y eso pensé.


Toda mi vida he trabajado en esta ciudad, aquí mismo he vivido y aquí está toda mi familia y mis amistades, pero por decisiones de la empresa me mandaron fuera de la ciudad por 6 meses. Debía ser una capacitación de fin de semana y terminé quedándome a resolverles los problemas que no sabían que tenían. Trabajo en el departamento de Recursos Humanos, mi trabajo en la ciudad era nóminas, pero cuando me mandaron a otro estado me quedé como encargada del departamento. El problema es que no sabían cómo lidiar con sus empleados y empleadas.


Yo siempre había sido una mujer reservada; mis cosas, mis ideas, mis pensamientos. Rara vez compartía lo que me sucedía o la opinión sobre algo. Lo mío, lo mío siempre ha sido escuchar, por lo tanto prefería mil veces escuchar a la gente porque sentía su necesidad de ser escuchadas y yo podía hacerlo, así que hablar yo sobre mis cosas no era nunca el centro de tema con mis amistades o familia. Sí, una que otra vez me preguntaban cómo me iba, cómo estaba, pero por lo general eran preguntas obligadas más que sinceras, por lo tanto respondía con algo corto, simple y conciso para que no hubiera lugar a dudas y tener que continuar la conversación sin sentido que no pretendo contar.


El problema con la empresa es que nadie se había sentado a escuchar las demandas de sus trabajadores, creyeron, con tantas empresas, que basta con pagarles, una miseria, pero pagarles. Yo no estudié nada, mi conocimiento de nóminas ha sido por la experiencia desde los 16 años, y desde entonces he trabajado en la misma empresa. Aquí me respetan, siempre me han valorado porque soy buena en lo que hago, pero principalmente porque casi nadie me conoce, a pesar del tiempo pocas personas saben quién soy, y yo les aseguro que si me conocieran realmente no les caería tan bien como le caigo a la empresa, el punto es que me mandaron porque creen que no tengo responsabilidades en la vida mas que mi trabajo. Acepté ir a capacitarles, y terminé aceptando quedarme 6 meses negociando un sueldo aparte como asesora. En realidad no tenía mayor responsabilidades en la vida, así que pude quedarme sin problema.


A pesar de hablar poco tenía mi grupo amplio de amistades que nos frecuentábamos muy a menudo, por lo tanto estaba rodeada siempre de gente a quien escuchar. En la empresa terminé escuchando a los 200 empleados entre hombres y mujeres, no fueron sólo sus demandas, sino que terminaban contándome sus cosas como si fuera psicóloga. Era interesante y me pagaban por ello, además así lograba extrañar las charlas y reuniones largas con mis amistades. Cada día que transcurría se me hacía eterno para volver. Sin embargo, fue en estos seis meses que aprendí a extrañar lo que podía ser el contar mis cosas. Haber salido de la ciudad a otra a casi 1500 km de distancia sí hizo la diferencia. Pronto me acostumbre a su gente, a su forma de hablar, de pensar, de reaccionar, etc. Por la diferencia horaria de 2 horas casi no mantenía comunicación con mis amistades, extrañaban tenerme cerca, pero a la distancia las cosas se fueron enfriando. Nadie sabíamos si serían meses o años el cambio de ciudad, así que supongo que acá en casa decidieron continuar sus vidas.


Yo quería regresar a casa desde la primera semana, y esa nostalgia me costó arrastrarla por seis meses. Sí, no digo que no disfruté la experiencia, pero cuando alguien te hace falta te hará falta para toda la vida. El día se dio y yo regresé a mi ciudad. Mi casa estaba justo como la había dejado, todo en el mismo lugar como la última vez que estuve ahí. Juanita iba una vez a la semana y la limpiaba, eso logró que se mantuviera intacta por seis meses. Extrañaba mi cama, mi regadera, mi cocina, sobre todo mi cocina, extrañaba tanto cocinar así que llegué cocinando lo que encontré en la alacena y en el congelador. Avisé a mi familia que estaba de regreso y lo mismo a mis amigos.


Organicé una reunión, algo pequeño, una bienvenida. Tenía tantas ganas de verles a todas las personas. Vieron dos personas, Alberto y Joaquín, ninguno era mi amigo, pero unas amigas los había invitado. Ellos llegaron, quedaron conmigo, ellas no. Y mi familia se disculpó porque tenían otra reunión con familia que yo no acostumbraba visitar. Alberto y Joaquín fueron muy atentos, muy divertidos, la pasamos realmente bien. Por primera vez quise platicar sobre mí y mi experiencia en mi trabajo, ellos me escucharon, me sentí muy bien ser escuchada, me gustó tanto que comencé hacerlo como algo más habitual en mi vida.


Ahora yo tenía ganas de hablar, se siente también cuando verbalizas en voz alta tus ideas que de pronto hasta te reconoces como alguien interesante con quien se puede tener una conversación, un diálogo. Como había regresado con excelentes noticias para la empresa ésta me premió con trabajar desde casa bajo mis horarios y condiciones. En la oficina no tenía amistades, así que me pareció pertinente aceptar la oferta, y dedicarle el tiempo que se me diera la gana. Ahora ya podía estar disponible a cualquier hora para mis amistades. Les notifiqué y fue así que pude ir viendo una a una. En cada cada quien sentí la alegría de volverme a ver, y era recíproca; sin embargo, todo seguía igual cuando se trataba de sólo ser escucha como siempre, y lo comprendo, la gente se había acostumbrado así, e iba costar un poco el darse cuenta que yo quería también ser escuchada.


Si mis amistades me habían contado su vida entera, también yo quería contar la mía, el único problema era que si mis amistades iban a la par con sus vidas y sus historias, yo traía conmigo fácilmente 20 años de atraso en no contar mi vida, mi historia. Fue complicado, mientras que para mí era irme abriendo a escucharle en voz alta, para ellos y ellas fue el aburrimiento total, así que decidieron que le cederían su lugar a otras personas para que fueran éstas las que me escucharan, y así mis amistades podían buscarme para ser escuchadas.

La gente en las redes sociales no tiene ni tiempo de leer o escuchar a otras personas, por lo tanto las redes sociales o de ligue no funcionaron. Por eso recurrí a los grupos de autoayuda. Comencé con Alcohólicos Anónimos, sí he sido bebedora social, pero no como para creer que necesito dejarlo, sin embargo pensé que era una buena manera para hacer amistades, platicar, escuchar y de paso dejar de beber alcohol, porque eso sí, yo estaba usurpando un lugar, pero algo bueno tenía que hacer al menos. Pues sí, dejé el alcohol por un par de meses, pero salí huyendo, la gente más necesitada de ser escuchada está en esos lugares, y a pesar de yo ser una más necesitada no era mi lugar quitarles el tiempo con mis cosas cuando ellos y ellas realmente la estaban pasando mal.


Intenté varios grupos, pero todos eran lo mismo, una cantidad enorme de gente necesitada de ser escuchada. Yo sé lo que se siente y cómo se vive cuando quieres que te escuchen y nadie lo hace, así que fui honesta conmigo y regresé a encerrarme en mi casa, trabajar y no salir con nadie que no quería yo escuchar. En algún momento recordé que la marihuana era muy buena compañera así que me acerqué a ella. ¡Error! A mí la marihuana me hace hablar, me aflora el deseo de platicar, y sin tener quien me acompañara adopté a Coco, es un perrito chihuahua, a él le platico todo lo que quiero y necesito verbalizar, no sé si me escucha, pero al menos siempre me mueve la cola cuando hablo, y yo ya con eso tengo.


-Hola, yo soy Paula, y te quiero escuchar...-

Abyss Borboa Olivera

Cuentos de Cuarentena

Diciembre, 2020.

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