ME PREOCUPA LA JUVENTUD Y ME OCUPO DE ELLA


Viendo toda esta rebatiña de elecciones presidenciales en México sólo hace que me preocupe por lo que viene para los y las jóvenes del país. Sea quien sea quien gane, la juventud no tiene cabida para el gobierno. No se trata de seguir con lo mismo de siempre, con sus canchas y parques abandonados; con su educación fallida; con la delincuencia en las calles; con la falta de educación; con empleos de mano de obra barata; etc. Aquí el problema es que la gente se preocupa sólo por sí misma, y lo que es peor, se preocupa únicamente por la gente de su generación. Las personas viejas (51-80 años) buscan una realidad para ellas, buscan que sus ideas que NO funcionaron sean las que funcionen también para la juventud (16-25 años), sin darse cuenta que los tiempos y el contexto ha cambiado, que lo que fue en su época no puede, ni a la fuerza, ser lo mismo. La generación vieja debería comenzar a escuchar a la generación de jóvenes, una generación abierta a las diferencias, menos discriminatoria, más inclusiva. No es posible que la generación vieja se siga aferrando a no nombrar a las mujeres en la sociedad, no puede ser posible que sigan llamando la ingeniero, la médico, la juez, la presidente; los tiempos han cambiado y el hecho de no concordar género con gramática hace que sigamos en un retroceso social. La gramática no es absoluta, es necesario que la sociedad nombre el lugar que les corresponde a las mujeres. No puede ser posible que la generación vieja siga discriminando a las mujeres que viven su sexualidad como lo desean, y lo que es peor, que esa discriminación venga de otras mujeres, y que a su vez los hombres de esa generación se aproveche de la discriminación para acosar, violentar, violar a las mujeres. A la generación joven ya no le importa ese tipo de maltrato a mujeres y hombres, esta generación se ha abierto a respetar a hombres y mujeres como personas, y quizá de eso sea necesario que la generación vieja aprenda, porque esa generación es quien no le ha otorgado los derechos a las mujeres que tanto urge. Si desde el ser profesionistas no luchan por los derechos de ellas mismas y sus compañeras, esto seguirá siendo lo mismo sin mayor avance. Lo mismo pasa con la gente de mi generación (25-50 años), han aprendido tan bien de sus padres, que siguen repitiendo un patrón de conducta social que sigue afectando a la generación joven, a sus hijos e hijas. Si bien la generación vieja se preocupó por vivir su eterna juventud, la generación media se preocupa por romper esos patrones pero sin proponer nada nuevo; pero algo nos está enseñando la juventud. Nos está enseñando a convivir como PERSONAS, a empatizar, a entender a las otras, a preocuparse por ellos y ellas porque ya se dieron cuenta que ni sus padres, madres, abuelos o abuelas lo harán. Cosas tan sencillas como el otorgarles la voz a las mujeres hacen una gran diferencia, pero no a gritos, no con violencia como lo hemos aprendido de la generación vieja, sino utilizando un discurso positivo que unan a todas las personas. No se trata de irnos a los extremos y decidir un vocabulario absurdo como lo hacen muchas feministas que desconocen la base, no se trata de a todo nombrarlo en femenino, sino de revisar la necesidad que existe para que las mujeres tengan el lugar que les corresponda como abogadas, maestras, médicas, ingenieras; amas de casa, trabajadoras de hogar, jornaleras, trabajadoras sexuales, etc. Si tan sólo la educación y sus actantes lograran entender esto les aseguro que cambiaría la perspectiva de vida de muchas personas, sabrían que sí hay otras posibilidades, qué sí se pueden romper patrones y estructuras y construir otras que sí funcionen. Si hemos retrocedido en la sociedad es porque la generación vieja NO ha avanzado, por que ésta detiene el avance al no querer reconocer que es necesario cambiar los sistemas, porque lamentablemente quienes están en el poder no es ni la generación media, ni la joven, sino la vieja, la que no entiende de avances sociales salvo sus ideas arcaicas del siglo IXX que ya no funcionan en el siglo XXI. Debemos preocuparnos y ocuparnos de la juventud para que no sea ni siga el ejemplo de la generación vieja, sino aprender de los y las jóvenes para construir los derechos del futuro, los derechos por venir, porque sólo entonces la política, la economía, la educación; la sociedad y la cultura podrá llamarse digna de haber construido hombres y mujeres como personas que son y serán el futuro de México y el mundo entero. Abyss Borboa Olivera  


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