LA TRISTE REALIDAD DE PAREJAS JÓVENES Y ADULTAS...


A menudo me toca conocer de cerca casos de parejas que rompen sus relaciones sentimentales, y por lo general es una persona la que se encarga de marcarle para toda la vida a la otra.

Cuando reviso que hombres y mujeres por igual viven en esta situación me da coraje porque entonces es más probable que tanto ellos o ellas tengan menos oportunidad de encontrar el amor de su vida, o bien, mucho menos oportunidad de quienes intentan acercarse a esa persona que le han roto el corazón.

Por lo general me ha tocado vivir que las exparejas de estos hombres o mujeres son personas mayores que ellos o ellas, personas que debieran tener un poco más una idea clara de lo que quieren de una relación sentimental. Pero es aquí donde entra el juego de máscaras y caretas. Las personas mayores tienen una experiencia mayor, no precisamente por edad, sino por las cosas que han vivido, porque les ha tocado estar en otras circunstancias. Cuando otra persona en cuestión de enamora de la mayor, piensa que es lo correcto, que es lo acertado, y considera que es lo necesario para seguir luchando por el amor de su vida, mientras que la persona que es mayor ha aprendido a manipular de manera precisa sin que caiga en una patología "visible", claro que la patología es visible, pero la gente comúnmente se aferra a no querer verla.

Lo peor viene después... Cuando el tiempo ha pasado, quizá un par de semanas o un mes; a las personas que han dejado en una relación se vuelven desesperanzadas, difícilmente creerán en alguien más, al grado que suelen decir que es mejor estar así en una eterna soltería, por miedo a que les rompan el corazón de nuevo. Esto ocurre más de lo que se imaginan. Y todavía tienen el descaro para decir que han aprendido de esos golpes y que ahora son más fuertes.

Cierto, la gente se vuelve más fuerte y más fría. Ya no creen tan fácilmente en el amor, o en lo que la otra persona puede decir, sentir o pensar. Simplemente consideran que es mejor no enamorarse, y entonces sigue el eterno patrón que nunca termina, porque ahora ellos o ellas, siendo mayores, buscarán lo mismo para seguir el patrón que les marcó de por vida. Esto es lo más triste.

Si la gente aprendiera a ver a la gente por lo que es, por lo que dice, por lo que siente, por lo que piensa, sería más sencillo poder comprender a la otra persona, y al comprenderla, entenderla o simpatizar con ella, automáticamente no cabe la posibilidad de culpa, miedo o rencor con la vida.

Los y las jóvenes deben darse esa oportunidad de ver que sí existen personas con diferentes posibilidades de vida, y de no ser así, entonces revisar qué están haciendo mal para caer en ese mismo patrón de buscar una pareja que supla a otra el día de mañana, porque es muy común también que muchos hombres y mujeres terminen con el mismo "tipo" de personas que les rompieron el corazón. La historia continúa y todo se vuelve una repetición de patrones que normaliza hasta casarse con un hombre o una mujer celosa, posesiva, castrante.

Las relaciones de parejas sentimentales son precisamente eso, relaciones, es decir, de donde debes aprender el comportamiento de la gente, no de tu comportamiento en la relación, sino el comportamiento de ambos frente a una relación sentimental. Es necesario que tanto mujeres como hombres tengan la cantidad necesaria de parejas para poder saber qué es lo que quieren, o bien, saber qué es lo que no quieren para una relación que dure toda la vida.

Es muy común que la gente se aferre a otra por esa codependencia que ambos han normalizado, y que ha sido el ejemplo diario en casa, en la televisión, en el cine, en la música, etc.

Saber dejar ir es un aprendizaje de vida, pero saber recibir a quien puede curar tus heridas también es aprendizaje de vida necesaria para no repetir el mismo patrón una y otra vez. Porque de ser lo contrario, terminaremos siendo el remedo de parejas sentimentales de nuestros padres, abuelos, bisabuelos y las generaciones de toda la vida.

Hay quienes sí logran romper el patrón y deciden qué cartas jugar en la vida, y qué posibilidades de amor ofrecer a otras personas, pero ésas son las que no se acercan a platicar sus vivencias, su dolor, su agonía.

Si han salido de una relación tormentosa, o de las que les han roto el corazón, no se den por vencidos o vencidas, siempre, siempre hay otras posibilidades, y esas posibilidades curiosamente terminan estando más cerca de lo que imaginan.

Abyss Borboa Olivera


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