LA DECADENCIA DEL TEATRO EN TIJUANA


LA DECADENCIA DE TEATRO EN TIJUANA No hay nada más elitista que el arte en la actualidad. Desde hace varias décadas la decadencia del arte ha sido el parte de ese desinterés por la sociedad. Las escuelas de arte como los y las artistas mismas han perpetuado y han hecho del arte un consumo elitista, o bien, un consumo barato de creaciones pobres. Hay quienes manejan un discurso donde se apoderan de situaciones sociales de importancia dejando fuera a quienes realmente viven estas problemáticas. Hay quienes prefieren hacer caso omiso a estas situaciones y optan por recrear algo banal y hueco. El teatro en Tijuana es un claro ejemplo de esto. Entre más compañías, grupos, asociaciones de teatro nacen, menos son los y las comprometidas con el teatro y su contexto. La mayoría de la gente con o sin estudios formales y/o profesionales del arte dramático buscan el reconocimiento, el aplauso, la ovación, el puesto político, la dirección institucional, y el dinero; y ven el objetivo del arte como algo utópico y caduco. Hay gente joven que considera y reconoce firmemente que el objetivo del arte es presentar y ser parte de un contexto social que lleve al público a entender su propio entorno, y construir nuevos paradigmas de pensamiento; pero al momento que esta gente joven se encuentra con los monopolios de teatro no les queda otra más que asumir lo que se imponen, porque al final de cuentas el reconocimiento y el aplauso gana sobre su necesidad de cambiar la realidad. Muy pocas son las agrupaciones de teatro que consideran el arte como centro del equilibrio, sin embargo, son las agrupaciones menos conocidas y menos apreciadas por la mafia del teatro en Tijuana. Pero entonces ¿qué se está haciendo mal o incorrecto?, ¿dónde están los y las maestras que deben impulsar a futuras generaciones a construir nuevas formas?, ¿cuándo se perdió el objetivo del arte?, ¿sabrán qué significa arte? Considero que el problema radica justamente ahí, han expuesto el arte como algo subjetivo que no hay necesidad de establecer características, y terminan haciendo cualquier cosa porque creen firmemente que TODO ES ARTE. ¿Cómo puede ser arte aquello que moraliza y catequiza? ¿Cómo es posible que consideren que el teatro debe estar fundamentado en valores donde los valores son parte de esa moral cristiana? No me opongo a que estas personas busquen el aplauso, el reconocimiento, la ovación, o el dinero, cada quien es libre de vivir su ego como lo desee. Pero sí me opongo a que se hagan llamar y nombrar los y las exégetas del teatro cuando no tienen idea que el teatro es una vía de arte para cambios sociales. El gobierno, como lo he dicho anteriormente, tiene mucho de responsabilidad en esto, porque premian a quienes les da la gana, o bien premian sin revisar estos puntos esenciales de sus propuestas, con tal de colocar los fondos y declarar que el gobierno apoya el arte y sus artistas. Pero, ¿quiénes están detrás del gobierno para orientarles y hacerles saber lo que es realmente el quehacer de los y las artistas? Si el gobierno no sabe de política, no podemos exigirle que sepa sobre arte. El problema es que no hay quién tenga argumentos para establecer una relación entre arte y sociedad. En la actualidad, los y las menos indicadas están al frente de una escuela del arte con educabilidad cero. El teatro como el cine tijuanense (y otras artes), se ha vuelto un mal producto para el "divertimento" de las personas y ya no para la toma de conciencia a partir del arte. Lo que hay en la ciudad, lo que se exhibe en las salas de teatro, foros culturales o espacios alternativos no tiene propuesta, no tiene esencia, no hay arte en ello por más bien ejecutado que sea por actores y actrices, por directores, directoras o producción. Propongo sentarnos a dialogar, comprometerse con la realidad social, empatizar con la otredad y desde ahí enfrentarse a los cambios necesarios por hacer. Retomar la base del arte y emerger como artistas que a través del teatro lleven propuestas de vida a la sociedad. Dejar de hacer teatro como producto en venta, y realizar un teatro con propuesta social, propuesta artística. Aún es tiempo de retomar el teatro como arte y llevarle al público lo necesario para ejercer un cambio social, político, económico y cultural. Abyss Borboa Olivera 


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