ENTRE LA CRÍTICA, EL JUICIO Y LA IGNORANCIA


(a quienes se han acercado a mí cuando he logrado inspirarles confianza para escucharles) A menudo la gente me busca para contarme sus inquietudes. Algunas veces son situaciones muy fuertes, otras no tanto pero que de igual manera son igual de importantes tanto para la gente como para mí. Algunas veces, muy pocas, recurren a mí para buscar un consejo; pero la mayoría de las veces lo que realmente buscan es alguien que les escuche sin juicio alguno, y ahí sí, con eso pueden contar conmigo. Como de antemano sé que la gente busca ser escuchada sin ser juzgada, bajo ninguna circunstancia debe interferir mi juicio. Además cada quien habla desde su propia historia de vida, y nadie sabemos lo que realmente hay detrás de cada historia, al menos que la misma gente te pueda y quiera confiar todo. Aquí lo importante es saber escuchar, entender, ponerse en los zapatos de las otras personas y desde ahí ver lo que puede ser mejor. Hay ocasiones en que me entristece que sea yo a quien le confían sus problemas, sobre todo sabiendo que sus padres o madres son de mi edad o misma generación, me entristece que para estas personas les sea más factible hablar conmigo que con su propia familia, porque entonces me doy cuenta que difícilmente la gente se abre a escuchar, o bien, lo primero que hacen es juzgar desde su postura social impuesta. Sin embargo, me alegra saber que recurren a mí, porque muchísimas personas jóvenes no tienen a quien recurrir, y esto muchas veces les lleva a tomar acciones no adecuadas, o no las que les harían crecer y salir del problema o situación que les agobia. Hay otras ocasiones en las que personas adultas, de mi edad o mayores me buscan para ser escuchadas, y muchas de las veces son prácticamente las mismas situaciones que las de la juventud. Pero también es triste darte cuenta que entre tu familia, entre tus amistades difícilmente pueden abrirse y platicar de las cosas que les aquejan. Tal parece que la sociedad les ha enseñado a emitir juicios a diestra y siniestra, a juzgar cómo viven o piensan las demás personas, y ahí radica el problema: no saber escuchar y hablar desde la superioridad. Es común que la gente se meta en la vida de otras personas sin que éstas les de permiso para hacerlo. Es muy común la crítica a los matrimonios, los noviazgos, los y las hijas, los trabajos, la forma y estilo de vida; pero lo más irrisorio es que sean capaces de criticar y juzgar hasta de cómo visten algunas personas, ¿neta?, ¿esa es su aportación a la sociedad?, ¿andar por la vida criticando cómo viven o piensan las demás personas? Si a ustedes les funciona, bien por ustedes, pero eso no quiere decir que a todo el mundo le deba funcionar igual. Y sí, estoy muy seguro que la mayoría de la gente juzga y critica desde el sexo, esto es, que critican desde lo que ellos o ellas consideran como hombres y mujeres y no como personas. Por eso mismo la misoginia no es únicamente de los hombres hacia las mujeres, también es desde las mujeres hacia otras. Por lo tanto considero es momento de dejar de nombrar las cosas, visibilizar las causas negativas y comenzar a hablarlas desde los actos positivos. Dejar de pensar desde ese cuadrito obtuso de una mente de hombre o de mujer, y verlo desde una postura humana, verlo desde ser personas que se interesan por otras personas. (Esto lo dejaré para una siguiente publicación donde considero y sé muy bien, porque lo puedo comprobar, que vidibilizar las causas ya no es tema de importancia). El punto es que la gente no ha aprendido a escucharse a sí misma, mucho menos ha aprendido a escuchar a las demás personas. Esto se aprende en la vida, cuando te das cuenta de la necesidad que posees de avanzar y no quedarte estancado en el mismo conflicto que puedes llevarlo hasta tu lecho de muerte. Se aprende desde uno mismo, cuestionándote, buscando otras posibilidades, analizando lo que existe, proponiendo lo que no se ha dicho. Todas las personas poseen esa misma capacidad sin importar estrato social, educación, lectura, etc., obviamente habrá gente que le cueste más trabajo ver más allá cuando todo cuanto le rodea ha sido la misma reproducción de lo que no funciona. Cuando llega el momento de emitir un consejo con quienes se acercan conmigo yo hablo desde mi propia historia de vida, y se los hago saber diciéndoles que mi consejo o idea viene desde mis crisis existenciales, desde el amor y el desamor, desde la empatía que tengo con otras personas; desde el asco y rechazo que he vivido, desde el juicio que me emiten, desde el dolor de crecer y aprender del dolor, desde la baja autoestima y la que recupero a veces, desde mi edad, desde mi llanto o mi risa, desde mi subjetividad y experiencia propia, desde las ganas de no querer continuar en muchas ocasiones; yo hablo desde lo que soy, desde lo que me construyo a diario, pero sobre todo hablo desde el poder entender a las otras personas y por lo que están pasando. Sí se puede escuchar a las demás sin juzgar, sí se puede dar un consejo si te lo piden, sí se puede callar tu crítica u opinión si nadie te la pide. Si yo he podido hacerlo, cualquiera puede, porque no es ni don, ni talento, es saber aprender de los madrazos de la vida. Cualquiera pudiera aprender a escuchar, y así sería más sencillo que la gente sienta la libertad de expresar lo que siente y cómo se siente, sea la situación que sea, porque quizá para ti sea insignificante por lo que está pasando, para otras personas puede ser lo más fuerte que está viviendo y es por eso que te busca. Se puede vivir sin juzgar, y eso te lleva a saber escuchar. Yo por lo pronto seguiré estando presente para quienes necesiten ser escuchados, para quienes pidan un consejo, que aunque no haya vivido la misma situación sabré darlo desde mi empatía y la historia de vida de las demás personas. Aún cobro nada cuando la gente me pide que le escuche, porque considero que eso debiera ser una labor social para el Bien Común, y aplica también a quienes ejercen la psicología. La mayoría de los y las psicólogas cobran por su "preparación" y buscan "pacientes-clientes" que estén dispuestos a pagar de 10 a infinidad de sesiones. Y por más que digan que lo hacen por ayudar a otra gente, la Zona Este de Tijuana es la más olvidada de la mano y "preparación" de estos y estas psicólogas. Por eso me parece irrespetuoso cobrar por escuchar o dar algún consejo, o dirigir a las personas a encontrarse con ellas mismas. (Esto será material para otra publicación también). Yo no cobro, pero sí acepto un abrazo sincero cuando la persona considere que le he servido como escucha. Abyss Borboa Olivera 


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