2 GRACIAS


Yo tengo 2 gracias en la vida: saber cocinar y saber escuchar a la gente, ambas cosas son lo que mejor hago en la vida, y me sale bien.


Desde morrillo aprendí a escuchar, no fue ni algo impuesto, ni algo enseñado, eso lo aprendí sobre la marcha, y de morrillo ya pensaba en otras cosas, y suponía que si quería entender algo o a alguien tenía que aprender a escucharles y decodificar su discurso, a como pudiera. Las personas adultas es lo que había para analizar, y no se imaginan lo ordinaria y predecible que es la gente adulta, así que no me fue difícil el aprender rápido a identificar los tipos de personas que hay, créanme, son pocos tipos, muy pocos, por lo general la gente es igual y es la misma.


En mi adolescencia el morbo me llevó a otro nivel y descubría historias no dichas entre líneas, historias mucho más interesantes que las mentiras y las máscaras con las que anda la gente por la vida. Aprendí a no tener máscaras porque quería poder ayudarle a esa gente con lo que estuviera en mis manos, y lo mínimo que podía hacer era escucharles, pero escuchar la historia no contada, y que se dieran cuenta que conmigo no había juicio. No me era necesario decir absolutamente nada, mi participación siempre ha sido como escucha, no como juez, ni psicólogo porque no lo soy, solo escucho a la gente y le muestro interés para que sepa que conmigo puede hablar sin tapujos, sin tabúes, sin falsas morales.


Ésa es mi gracia, lograr crear la confianza suficiente en los primeros 20 minutos de interacción conmigo, el resto ya es pan comido, la gente se desahoga, y yo logro acompañarles en su desahogo, y eso me reconforta, eso es lo que “gano”, una satisfacción de saberme útil para otras personas que aunque yo no haga o diga nada para ellas les basta desahogarse, y saberles sin ese peso menos encima me hace sentir bien, quizá porque siempre busqué que alguien me escuchara como yo escucho, y como no lo logré al menos no me gusta que otras personas pasen por lo mismo que yo pasé, porque hablar, verbalizar tus cosas íntimas fortalece tu estabilidad emocional. Yo aprendí a lidiar con ello, y al no tener personas físicas reales, las inventé en mi literatura y ahí logré desahogarme, y crecer, y ser, y aprender.


La otra gracia que tengo es el saber cocinar, lo hago bien, me gusta mi comida, mi cocina. Comencé a cocinar a las 8 años y desde ahí no lo he soltado, y a pesar de haber sido un morrito tenía mi sazón desde entonces. No era wow, pero era una gracia por la edad que tenía. Para la edad de 13 años yo me encargaba de las cenas de Navidad con pavo al horno, jamón y todo el menú. Me gusta cocinar porque la cocina unifica, la cocina atrae, sienta a la gente y la hace disfrutar de cosas ricas para satisfacer una de sus necesidades fisiológicas más importantes.


Descubrí que mi comida era motivo de reuniones familiares, de amistades así que cada vez iba aprendiendo más recetas para tener qué ofrecerle a la gente que me rodeaba y rodea. Mi gracia con la cocina es lograr que quienes comen mis recetas se van contentas y satisfechas, y eso para mí es un buen logro, saber que les hice sentir cosas chidas con mi comida.


Todo lo demás que tenga o no lo considero mediocridad, para mí estas 2 gracias son las que nutro, las que presento, las que valoro y las que ofrezco de todo corazón.


Abyss Borboa Olivera


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